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Incluso uno solo: proteger a cada niña y niño migrante es responsabilidad de todos

En su mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre de 2026, el papa León XIV invita a mirar más allá de las cifras y reconocer la historia, los temores y los sueños de cada menor en movilidad.
Millones de niñas, niños y adolescentes se ven obligados a dejar su hogar por la violencia, la pobreza, los conflictos y otras situaciones que ponen en riesgo su vida. Durante el camino pueden enfrentar separación familiar, explotación, discriminación y experiencias que dejan profundas heridas.
Ante esta realidad, el papa León XIV propone un mensaje sencillo y contundente: “Incluso uno solo de estos pequeños” merece toda nuestra atención.
El Santo Padre recuerda que no estamos hablando únicamente de estadísticas, sino de personas con nombre, historia y una dignidad que debe ser respetada. Por ello, pide reconocer primero al niño o a la niña y después su condición migratoria.
También hace un llamado a las comunidades cristianas, instituciones y sociedad civil para convertir la hospitalidad en una práctica cotidiana. Proteger a la niñez migrante significa ofrecer seguridad, favorecer la reunificación familiar y garantizar derechos como la educación, la salud y un desarrollo integral.
Una invitación que se convierte en acciones
En Fundación Scalabrini de México compartimos esta convicción. En el Centro Comunitario Scalabrini y en la Casa del Migrante Arcángel Rafael recibimos a familias que han tenido que abandonar su hogar y que necesitan un espacio seguro para recuperar fuerzas y continuar su camino.
Cada alimento servido, cada noche de hospedaje, cada consulta médica o psicológica y cada orientación jurídica busca responder a una necesidad concreta. Sin embargo, sabemos que la atención a la niñez requiere algo más: escucharla, protegerla y crear espacios donde pueda sentirse nuevamente segura.
Por eso, durante este año hemos acompañado la continuidad escolar de niñas, niños y adolescentes; promovido actividades recreativas y deportivas; generado espacios de convivencia, aprendizaje y expresión, y fortalecido la preparación de nuestro personal y voluntariado.
Recientemente, en el Centro Comunitario Scalabrini realizamos el Taller de Protección a Menores y Personas Vulnerables, impartido por la Oficina Nacional de Protección de Menores de la Conferencia del Episcopado Mexicano. En él participaron colaboradores, voluntarios, agentes de pastoral y personal de nuestras casas. Esta formación nos ayuda a prevenir riesgos y a responder de manera adecuada ante cualquier situación que pueda afectar a una niña, niño o adolescente.
También hemos impulsado jornadas de salud, limpieza y mejoramiento de los espacios, porque un entorno digno, limpio y seguro forma parte de la protección. De la misma manera, la educación, el juego y la convivencia permiten que las niñas y los niños recuperen poco a poco la confianza y vivan momentos propios de su edad.
No acostumbrarnos al sufrimiento
El mensaje del Papa nos recuerda que no podemos acostumbrarnos a ver sufrir a la niñez migrante ni permitir que se vuelva invisible. Cada menor necesita personas adultas e instituciones capaces de escuchar su historia, reconocer sus capacidades y acompañar sus sueños.
Esta responsabilidad no corresponde únicamente a los albergues o a las organizaciones especializadas. Las familias, escuelas, parroquias, autoridades, empresas y comunidades pueden contribuir a construir entornos donde ninguna niña o niño sea rechazado por su nacionalidad, forma de hablar o situación migratoria.
En Fundación Scalabrini de México renovamos nuestro compromiso de seguir acogiendo, protegiendo, promoviendo e integrando a las personas migrantes y refugiadas. Porque cuando una niña vuelve a jugar, cuando un adolescente puede continuar estudiando o cuando una familia encuentra un lugar seguro, la hospitalidad deja de ser una idea y se convierte en una realidad.
Como señala el papa León XIV, incluso uno solo de estos pequeños es suficiente para abrir los ojos, el corazón y las puertas.
Fuente: Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026.


